(‘Dolor, achaque, afección’.)
Pesar acumulado al paso de la vida, marcado a fuego en la mirada, en el gesto íntimo que escapa, intrínseco, por las líneas dibujadas en el rostro, acusando nuestra verdadera alma. Profunda punzada en las entrañas que arrastra al recuerdo aquello que nos marcó cada poro, cada rasgo. Se entrecorta la respiración con aquello que no quisimos vivir, con lo que es preferible dejar en el olvido, pero aun así nos sigue habitando…
Tratamos de esconder con cierto pudor la cara opaca, recobrar el ánimo, la fuerza, la esperanza, por nosotros y por los demás. Y tomamos conciencia de que somos más que eso, somos nuestro alifafe más la suma del empuje que nos permite seguir adelante, con brío.
Proceso Van Dyck



