
Granada es su ciudad natal, la ciudad de sus primeras emociones y de las juveniles e impactantes imágenes de maravillas históricas mezcladas con escenas de pobreza, miseria, discriminación o xenofobia que trataban de ocultar tras el boato de cármenes y minaretes. Así nació su compromiso con la vida, repugnándole la injusticia dondequiera que se encontrase. Desde entonces ha tratado, con su bien orientado objetivo fotográfico, de demoler todos los monumentos de la retórica política cuando los episodios más sangrantes se echan sobre los colectivos sociales más desprotegidos.
Esta mujer granadina amorosa y progresista quería hacer saber a los miles de vientos que tomar partido es absolutamente necesario para que los humanos sigamos calificándonos como tales. Con sus fotografías, pretende hurgar en las causas de tales situaciones, como un caudal inagotable de poderío reflexivo, en su recorrido intenso y poderosamente comprometido.
En esta esperanza de la vida están encuadradas personas como Natacha, como muchas otras, que quieren un futuro menos desequilibrado; son personas que están dispuestas a combatir las desigualdades con la fuerza de su convencimiento, corriendo riesgos personales, sufriendo y desgañitándose en sus peleas cotidianas contra el monstruo de las sociedades descarnadas e insolidarias. En su fotografías, Natacha exige, con sus impresionantes imágenes, tomar partido a favor de los parias terrenales, de las mujeres maltratadas, de los hombres discriminados, de los niños sin nombre, de situaciones que atenazan como un cordón suburbial a todas las ciudades del mundo rico. Ella es subjetivamente rigurosa, como dijo Hemingway cuando le preguntaron por quién había que tomar partido durante la guerra civil española. Está claro que Natacha no se esconde para denunciar toda esa batería de leyes intimidatorias ni tiene empacho en señalar, premeditada y públicamente, que ningún ciudadano debería ser tan opulento como para comprar a otro. Denuncia sin desmayo; dedica su trabajo preferentemente a los niños y al camino que debe tomar la sociedad para que seamos iguales.
Esto es lo que busca y lo que transmite en su extraordinario trabajo. Natacha es una profesional del mezclado como pocas en el panorama profesional europeo. Los múltiples reconocimientos a su trabajo así lo confirman.
Jose Luis Morales, exdirector de la revista Interviú y escritor.
No creo en dioses ni en religiones. No creo en cielos ni en infiernos. Creo en el aquí y ahora, en las personas; en las personas que ríen y en las que lloran y en las que ríen y lloran a la vez. Tengo debilidad por estas últimas porque yo a veces me siento así.
Hay veces que la vida duele, me duele, y a la vez noto un respiro cuando veo que, los que deberían llorar, ríen. Sonríen ante una cara afable, ante una muestra de cariño, ante alguien del «mundo exterior» que se acerca a ellos sin intención de cambiarlos y los acepta tal como son, tal como quieren ser y, la mayoría de las veces, tal como la sociedad les permite ser.
Cuando miro mis fotografías solo veo instantes que viví y quedaron retenidos en una emulsión fotográfica. Otras no están en emulsión, pero sí en mi cabeza. Cojo la cámara y no busco imágenes correctas, ni tan siquiera bonitas; cada fotografía es un momento compartido fruto de una fusión de sentimientos múltiples: los míos y los de la persona fotografiada. En el negativo aparecen mezcladas varios retratos, los que hice yo y los que recogieron de mí.
Natacha Marlo, persona del mundo
Currículo
Fotógrafa, cámara de TV, montaje/postproducción.
Profesora de fotografía, audiovisuales, diseño gráfico.
Biografía
Nace el 12 de mayo de 1967 en Granada. A los seis años, enamorada de la fotografía gracias a su tío, consigue su primera cámara, una Werlisa II, y comienza sus primeros experimentos. Pocas veces consigue película para guardar sus recortes, pero disfruta viendo el mundo a través del visor. En 1983 comienza los estudios de fotografía artística en la Escuela de Arte de Granada. En 1984 empieza a trabajar para el diario As de deportes y para la revista Tráfico como corresponsal en Andalucía, y en diferentes revistas locales. En 1989 se traslada a Málaga para estudiar Producción y televisión. En 1990 parte a Madrid como cámara de televisión para la agencia EFE, Telecinco, Telemadrid y Antena 3. Rueda, como cámara, varios documentales en cine para la BBC. En 1999 regresa a Granada, donde realiza diversos trabajos y series para Canal Sur como cámara y montadora.
Desde 2004 se dedica a la docencia como profesora para ESCO y la Junta de Andalucía en las especialidades de fotografía, diseño gráfico y televisión. Desde 2017 se dedica en exclusiva a desarrollar trabajo fotográfico personal.
Durante su carrera profesional ha realizado reportajes de temas sociales para diversas ONG y ha hecho numerosas exposiciones, tanto individuales como colectivas. También ha publicado en varios medios de la televisión nacional y de la prensa en España y otros países.
Primeros comienzos
















